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21.- PANDEMIA.

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 El 3 de marzo llegamos a casa de nuevo, pero con un nuevo horizonte, con más seguridad y con una nueva hoja de ruta que nos habían marcado los médicos que nos daba tranquilidad y nuevas ganas de levantar cabeza y empezar a disfrutar con otros ojos. Pero no, 10 de marzo, confinados en casa. Pandemia. Coronavirus. Mascarillas. Hidrogel. Desinfección.  Caer al vacío.  Según estoy escribiendo estas líneas recuerdo que dos días antes del cierre, bajé al centro de salud y mi querida pediatra, según nos vió. Iros iros, no sabemos que tenemos entre manos... qué está pasando? Creo que la incredulidad de todos se fue de la manos, después dejó paso al miedo, de ahí a la inseguridad hasta que pudimos entender algo de aquello que estaba ocurriendo. Solo habían pasado 7 días desde que salimos del hospital. Aun no me había desecho del olor que te impregna y no me había dado el Sol lo suficiente que me sentí encerrada de nuevo. No sería justo quejarme ni comparar el hospital con mi casa, pero me doli

20.- VIDA

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Aprender a vivir, pero de otra manera. Aprender a vivir y convivir con la dificultad . Poco a poco aprendes. Durante los 6 primeros meses de vida de Candela, estuvimos 3 en el hospital.  Cogimos los virus respiratorios que nos tocaron y cada mes aproximadamente pasábamos unos días en el hospital. Fechas señaladas, navidades, algún cumpleaños, pero a pesar de todo y de las lágrimas derramadas, salimos más fuertes.  Recuerdo el mes de noviembre del 2019, y nuestra estancia en la UCIP, más dura que la anterior, recuerdo la dureza y crueldad de esos días pero también ví y viví milagros.  Gracias a tí, si me lees, que me rescataste en aquel banco de aluminio, en ese rellano mientras caí en lo más profundo del pozo, sin consuelo y sin esperanza, porque gracias a tí, levanté la cabeza y continué. Gracias a tí, que a través de mis llamadas, te tragabas tus propias lágrimas para consolarme, escucharme y tus palabras fueron abrazos con alma. Gracias a tí, que eras mis manos, mis ojos, mis abrazo

19.- REALIDAD

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Llegar a casa fue un momento lleno de luz pero también con muchas sombras, aunque lo disfruté. Los días fueron pasando poco a poco y fuimos encontrando el equilibrio al miedo. Es difícil, encontrar ese punto en donde te permites ser feliz, pero con un pie mirando a urgencias... es difícil. Es muy difícil salir a dar un paseo al sol y organizarte la semana, tu agenda, con revisiones en el hospital. A cada paso que das en tu nueva realidad, te acompañan un mar de dudas, de inseguridades, de precauciones. Echando la vista atrás y es triste lo que voy a contar ahora, muchas cosas no las recuerdo, cosas de casa, de nuestro día a día. Sin embargo, tengo grabados  a fuego los días de hospital, no sólo los ingresos sino las visitas a revisión, que se vuelven adictivas, ya que necesitas ir y que te digan que todo sigue bien. Cada semana teníamos que ir al menos una vez y tal y como hacía yo en la semana 20, poniéndome mis botines en busca de seguridad, ponía guapa a Candela para ir a ver a los

18.- LLEGAR A CASA

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 Llegar a casa con un bebé es emocionante, pero llegar a casa 45 días después de haber nacido lo convierte en extraordinario. El 11 de septiembre de 2019,  tres días después de que Teresa comenzara su primer día de cole, llegamos a casa. Después de 45 días y dos operaciones después Candela conoció su verdadero hogar, durmió en su cunita, dejó de oler a gel de hospital y pudimos ponerla su ropita.  Después de 45 días dejamos de llamar a la UCIN al levantarnos y antes de acostarnos. Dejamos de comer en tupper y de llevar al cuello la llave de nuestra taquilla.  Al salir del hospital, fue raro, felicidad pero nervios y miedo. No es lo mismo llevarte a un bebé sano a casa, que llevarte a un bebé cómo Candela. Es cierto, que en el hospital te enseñan a cómo leer los síntomas de TODO y tu lo aprendes rápido, pero estás en el hospital y no es lo mismo que estar en casa. También es verdad, que cuando estás en casa con dos niñas, el espacio/tiempo te envuelve y al final intentas normalizar, aun

17.- MAMÁ

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Nos agarramos  fuerte a tí en la puerta del quirófano, nos sostuvistes ante al abismo, y secaste nuestras lágrimas. Allí los 3.  Nos preparabas la comida a diario para llevar al hospital y al caer la noche nos bajabas la cena para no tener que preocuparnos de nada. Durante los 3 meses que estuvimos ingresados en varias y distintas ocasiones, no sólo fuiste mi MADRE también la de Teresa, llegando a donde yo no podía. Eres y es a la primera persona a la que llamamos, a la que pedimos ayuda, la persona que conoce cada lágrima y cada sonrisa. La palabra mamá es mucho más grande que las personas, hay mamás con hijos, las hay sin hijos, hay mamás- tías que cuidan de sus sobrin@s con el alma, hay mamás- profes, hay mamás-amigas, .... Hay mamás que quieren serlo y no pueden. Hay mamás que también son papás, hay mamás y más mamás. Hay mamás en el cielo que son ángeles, hay mamás que cocinan bien otras no, que leen cuentos o planchan con arrugas, hay mamás primerizas y mamás que son abuelas....

16.- VISIBILIDAD

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 Después de 45 días en el hospital, te acabas acostumbrando a estar allí, a sus pasillos, a sus paredes,  a convivir con las personas que forman parte de él e incluso te sientes segura.  Reconozco que mis ojos vieron más de lo que estaban preparados y también aprendí a ver la vida de otra forma.  Aprendes a que la normalidad no es lo que está estipulado, puesto que cada uno tenemos nuestra normalidad. Aprendes a que cada niño llega al mundo de manera diferente y no por ello es menos especial. Aprendes a qué la vida puede envolverte en la mayor de las tormentas, golpearte, dolerte para luego hacerte más fuerte aún.  Un día, de los muchos que estuvimos, recuerdo que dije: Esta historia hay que contarla.... ese día acababa de hacer una foto a la salida del hospital a una pareja con su bebé que se iba a casa. Podría haber pensado en la crueldad del momento, mi hija en la uci y me piden a mí, justo a mí, esa foto de felicidad absoluta... pero no lo hice, sonreí y les hice la foto más bonita

15.- HERMANAS

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Cuando te enteras que vas a ser mamá, los planes son innumerables. Los preparativos no paran en todo ese tiempo, y la alegría junto al nerviosismo e impaciencia en algunos momentos se hacen, como es lógico, dueños de tu vida. Pero, si además es tu segundo hijo, imaginar cuando esos hermanos se van a conocer es una de las más bonitas imágenes que pasan por tu cabeza. Teresa vino al hospital dos días después de nacer Candela. Llegó con su vestido nuevo de verano azul con florecitas. Se lo habíamos comprado para que lo estrenara el día que viniera a verme. Cuando la ví allí, reconozco que me emocioné. Recuerdo ese abrazo, se paró el tiempo, como necesitabamos ese abrazo las dos. En aquella habitación de hospital sin cuna,  me pareció muy injusto, estar las tres en el mismo edificio pero separadas. Siempre imaginas esa primera foto, la hermana mayor coge a la pequeña, la da un beso en la frente, la protege, incluso la canta... pero no me lo permití. Nosotros preparamos un plan B. Como no t